En el último tiempo ha estado en boga el debate sobre el uso de ciertas palabras. Sobre esto, resulta interesante un artículo titulado “El lugar del ‘indio’ en la investigación social”, publicado en la  Revista Austral de Ciencias Sociales, cuyo autor es el Dr. Héctor Nahuelpán, profesor de la Universidad de Los Lagos.

El artículo plantea que la palabra “indio” se originó con la incorporación forzada de los pueblos indígenas a una sociedad ajena, que los clasificó como seres de un nivel inferior en comparación con quienes se catalogaron a sí mismos como civilizados y superiores. Ese lugar del “indio” lo naturalizó como un “otro” que debía ser “pacificado” con violencia si era necesario, tal cual ocurrió cuando la joven república puso fin a la soberanía mapuche al sur del río BíoBío a mediados del siglo XIX. La escuela, el desprecio del idioma mapuzugun, el servicio militar, buscaron contribuir a la labor de “civilizar”al “indio”.

Al avanzar el proceso de urbanización en el siglo XX, su lugar también estuvo definido por otras características sociales, como el desempeño de las ocupaciones “empleada doméstica” o “mozo”.  El color de piel, el pelo negro y duro, así como otros marcadores simbólicos fenotípicos, se mantuvieron profundamente arraigados. En nuestros días, una serie de jerarquías existentes en la sociedad indican que continúa marcado el lugar del “indio”, como si ese nombre no hubiera desaparecido del todo.

Así, la forma de nombrar a las personas no es un asunto menor. En esto, Chile tiene la oportunidad histórica de hacer un giro y abrir nuevos caminos. Está presente la pregunta de si estamos disponibles para convivir en un pie de igualdad y respeto. También queda abierta la pregunta de cómo la memoria de quienes sufrieron en forma desgarradora, será honrada por parte de sus descendientes especialmente en la generación de los que ahora son niños y niñas.

Dr. Oscar Mac-Clure

Columna de opinión publicada en Diario El Llanquihue de Puerto Montt el día 30 de Mayo de 2022.

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