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DECLARACIÓN PÚBLICA Sobre las bases del Concurso Fondecyt de Postdoctorado 2027

DECLARACIÓN PÚBLICA

Sobre las bases del Concurso Fondecyt de Postdoctorado 2027

El Centro de Estudios del Desarrollo Regional y Políticas Públicas (CEDER), el Programa de Doctorado en Ciencias Sociales en Estudios Territoriales y sus estudiantes de la Universidad de Los Lagos manifiestan su profunda preocupación por las bases del Concurso Fondecyt de Postdoctorado 2027. La posibilidad de destinar hasta un 70 % de las adjudicaciones a diez áreas definidas como prioritarias genera una desventaja estructural para amplios campos de las ciencias sociales, las artes y las humanidades, cuyas preguntas, métodos, productos y contribuciones no reciben un reconocimiento equivalente en la nueva convocatoria.

Reconocemos la responsabilidad del Estado de orientar capacidades científicas hacia desafíos estratégicos. Sin embargo, esa orientación debiera desarrollarse mediante instrumentos específicos, recursos adicionales y objetivos explícitos, sin alterar el carácter plural de Fondecyt ni desplazar su fundamento histórico: la evaluación por pares, la calidad de las propuestas y el mérito científico. Cuando la pertinencia temática puede incidir decisivamente en la adjudicación después de la evaluación científica, la competencia deja de descansar primordialmente en la excelencia relativa de los proyectos y pasa a depender, en una proporción sustantiva, de su adecuación a prioridades que no representan equilibradamente la diversidad del conocimiento.

La inclusión acotada de temas relacionados con el trabajo, las políticas públicas, la seguridad, la justicia o la modernización del Estado no constituye un reconocimiento suficiente de las ciencias sociales, las artes y las humanidades. Quedan relegados campos indispensables para comprender la democracia, las desigualdades, las migraciones, la educación, la cultura, la memoria, la historia, la filosofía, las relaciones de género y las formas de habitar y transformar los territorios. Sus aportes no siempre se expresan en prototipos o soluciones tecnológicas, pero resultan esenciales para la vida pública, la cohesión social, la creación cultural y el diseño de políticas públicas pertinentes.

Más aún, sostener que el valor de las ciencias sociales es ajeno a la innovación es un equívoco conceptual. Estas disciplinas no solo aportan un marco reflexivo, generan tecnologías metodológicas (la evaluación de impacto social, el análisis de riesgo, la capacitación comunitaria, el diseño de participación territorial) que aseguran la estabilidad y la legitimidad social indispensables para la viabilidad de cualquier sistema de conocimiento y producción. Esa utilidad, sin embargo, no se agota en el éxito de dichos sistemas: su horizonte es el bienestar humano concreto, del cual la viabilidad productiva es una consecuencia y no el fin último. Ignorar esta dimensión no solo precariza la sustentabilidad de los proyectos al privarlos de licencia social, sino que reduce la innovación a una mirada técnica que desconoce la complejidad de los territorios donde se implementa. Defender el rol estratégico de las ciencias sociales es, en definitiva, garantizar que las operaciones técnicas no se diseñen de espaldas a la ciudadanía, sino al servicio de un desarrollo legítimo y de beneficio mutuo.

Los desafíos nacionales e internacionales del siglo XXI tampoco pueden abordarse desde compartimentos disciplinarios. El cambio climático, las transiciones energéticas, las crisis democráticas, las transformaciones digitales, las desigualdades o la seguridad requieren capacidades tecnológicas, pero también comprensión social, cultural, humana, política, ética y territorial. Debilitar las disciplinas que estudian estas dimensiones reduce la capacidad inter y transdisciplinaria necesaria para enfrentar crisis que afectan las condiciones materiales y simbólicas que sostienen la vida en común.

Esta priorización también puede reproducir desigualdades de género. Mientras la política científica declara su compromiso con la equidad y con una mayor participación de las mujeres en la investigación, la concentración de recursos en sectores históricamente masculinizados puede desvalorizar áreas donde existe una participación femenina más equilibrada o mayoritaria. El resultado puede ser una distribución regresiva de oportunidades, especialmente para investigadoras jóvenes, profundizando brechas que las propias políticas públicas buscan corregir. Toda priorización debiera, por ello, contar con una evaluación previa de sus impactos de género, disciplinares y generacionales.

Desde una universidad pública regional advertimos, además, que los efectos no serán territorialmente neutros. Las instituciones y equipos situados fuera de la Región Metropolitana enfrentan mayores desigualdades de capacidades, redes y acceso a financiamiento, y dependen especialmente de instrumentos nacionales abiertos. A ello se suma el impacto sobre doctorandas, doctorandos y personas recién graduadas, para quienes Fondecyt de Postdoctorado constituye una vía fundamental de inserción científica. La reducción de oportunidades puede interrumpir trayectorias, debilitar equipos y desalentar investigaciones sobre desarrollo regional, ruralidades, pueblos originarios, descentralización, cultura y cohesión territorial.

Estas bases no deben analizarse como un hecho aislado. Se inscriben en un contexto más amplio de modificaciones y anuncios relativos a instrumentos como Becas Chile y los programas INES, que han generado incertidumbre en las comunidades académicas. En conjunto, estas señales pueden debilitar la diversidad del sistema nacional de ciencia, tecnología, conocimiento e innovación, afectar la formación avanzada y reducir las posibilidades de sostener capacidades científicas en todas las áreas y territorios. Una política científica consistente requiere estabilidad, previsibilidad y una visión de largo plazo, no decisiones fragmentadas que expongan a disciplinas, instituciones y nuevas generaciones a cambios abruptos en sus condiciones de desarrollo.

Por estas razones, llamamos a ANID y al Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación a revisar las bases y a restablecer condiciones de competencia abierta y equilibrada para las ciencias sociales, las artes y las humanidades. Las prioridades estratégicas del país pueden y deben promoverse, pero mediante financiamiento adicional e instrumentos diseñados para ese propósito, sin reducir las oportunidades de otros campos del conocimiento ni desconocer la diversidad de sus métodos, productos, impactos y trayectorias.

Asimismo, consideramos indispensable que los futuros rediseños o modificaciones de instrumentos y políticas públicas orientados al desarrollo de la ciencia, la tecnología, el conocimiento y la innovación contemplen espacios institucionalizados de participación y diálogo con la comunidad científica y con las instituciones involucradas, especialmente las universidades. La deliberación temprana, plural y territorialmente representativa permitiría anticipar impactos, recoger evidencia y construir bases más legítimas y consensuadas, con mayor validación por parte de la comunidad científica del país.

Definir prioridades nacionales y proteger la investigación libre no son objetivos incompatibles. Chile necesita capacidades científicas y tecnológicas, pero también ciencias sociales que comprendan sus desigualdades y territorios, humanidades que interroguen su historia y sus dilemas, y artes que renueven su imaginación y patrimonio cultural. Resguardar esa diversidad es fortalecer la capacidad del país para enfrentar sus desafíos con rigor, creatividad, democracia y responsabilidad social.

Centro de Estudios del Desarrollo Regional y Políticas Públicas (CEDER)
Programa de Doctorado en Ciencias Sociales en Estudios Territoriales
Estudiantes del Programa de Doctorado
Universidad de Los Lagos

DECLARACIÓN PÚBLICA Sobre las bases del Concurso Fondecyt de Postdoctorado 2027

DECLARACIÓN PÚBLICA

Sobre las bases del Concurso Fondecyt de Postdoctorado 2027

El Centro de Estudios del Desarrollo Regional y Políticas Públicas (CEDER), el Programa de Doctorado en Ciencias Sociales en Estudios Territoriales y sus estudiantes de la Universidad de Los Lagos manifiestan su profunda preocupación por las bases del Concurso Fondecyt de Postdoctorado 2027. La posibilidad de destinar hasta un 70 % de las adjudicaciones a diez áreas definidas como prioritarias genera una desventaja estructural para amplios campos de las ciencias sociales, las artes y las humanidades, cuyas preguntas, métodos, productos y contribuciones no reciben un reconocimiento equivalente en la nueva convocatoria.

Reconocemos la responsabilidad del Estado de orientar capacidades científicas hacia desafíos estratégicos. Sin embargo, esa orientación debiera desarrollarse mediante instrumentos específicos, recursos adicionales y objetivos explícitos, sin alterar el carácter plural de Fondecyt ni desplazar su fundamento histórico: la evaluación por pares, la calidad de las propuestas y el mérito científico. Cuando la pertinencia temática puede incidir decisivamente en la adjudicación después de la evaluación científica, la competencia deja de descansar primordialmente en la excelencia relativa de los proyectos y pasa a depender, en una proporción sustantiva, de su adecuación a prioridades que no representan equilibradamente la diversidad del conocimiento.

La inclusión acotada de temas relacionados con el trabajo, las políticas públicas, la seguridad, la justicia o la modernización del Estado no constituye un reconocimiento suficiente de las ciencias sociales, las artes y las humanidades. Quedan relegados campos indispensables para comprender la democracia, las desigualdades, las migraciones, la educación, la cultura, la memoria, la historia, la filosofía, las relaciones de género y las formas de habitar y transformar los territorios. Sus aportes no siempre se expresan en prototipos o soluciones tecnológicas, pero resultan esenciales para la vida pública, la cohesión social, la creación cultural y el diseño de políticas públicas pertinentes.

Más aún, sostener que el valor de las ciencias sociales es ajeno a la innovación es un equívoco conceptual. Estas disciplinas no solo aportan un marco reflexivo, generan tecnologías metodológicas (la evaluación de impacto social, el análisis de riesgo, la capacitación comunitaria, el diseño de participación territorial) que aseguran la estabilidad y la legitimidad social indispensables para la viabilidad de cualquier sistema de conocimiento y producción. Esa utilidad, sin embargo, no se agota en el éxito de dichos sistemas: su horizonte es el bienestar humano concreto, del cual la viabilidad productiva es una consecuencia y no el fin último. Ignorar esta dimensión no solo precariza la sustentabilidad de los proyectos al privarlos de licencia social, sino que reduce la innovación a una mirada técnica que desconoce la complejidad de los territorios donde se implementa. Defender el rol estratégico de las ciencias sociales es, en definitiva, garantizar que las operaciones técnicas no se diseñen de espaldas a la ciudadanía, sino al servicio de un desarrollo legítimo y de beneficio mutuo.

Los desafíos nacionales e internacionales del siglo XXI tampoco pueden abordarse desde compartimentos disciplinarios. El cambio climático, las transiciones energéticas, las crisis democráticas, las transformaciones digitales, las desigualdades o la seguridad requieren capacidades tecnológicas, pero también comprensión social, cultural, humana, política, ética y territorial. Debilitar las disciplinas que estudian estas dimensiones reduce la capacidad inter y transdisciplinaria necesaria para enfrentar crisis que afectan las condiciones materiales y simbólicas que sostienen la vida en común.

Esta priorización también puede reproducir desigualdades de género. Mientras la política científica declara su compromiso con la equidad y con una mayor participación de las mujeres en la investigación, la concentración de recursos en sectores históricamente masculinizados puede desvalorizar áreas donde existe una participación femenina más equilibrada o mayoritaria. El resultado puede ser una distribución regresiva de oportunidades, especialmente para investigadoras jóvenes, profundizando brechas que las propias políticas públicas buscan corregir. Toda priorización debiera, por ello, contar con una evaluación previa de sus impactos de género, disciplinares y generacionales.

Desde una universidad pública regional advertimos, además, que los efectos no serán territorialmente neutros. Las instituciones y equipos situados fuera de la Región Metropolitana enfrentan mayores desigualdades de capacidades, redes y acceso a financiamiento, y dependen especialmente de instrumentos nacionales abiertos. A ello se suma el impacto sobre doctorandas, doctorandos y personas recién graduadas, para quienes Fondecyt de Postdoctorado constituye una vía fundamental de inserción científica. La reducción de oportunidades puede interrumpir trayectorias, debilitar equipos y desalentar investigaciones sobre desarrollo regional, ruralidades, pueblos originarios, descentralización, cultura y cohesión territorial.

Estas bases no deben analizarse como un hecho aislado. Se inscriben en un contexto más amplio de modificaciones y anuncios relativos a instrumentos como Becas Chile y los programas INES, que han generado incertidumbre en las comunidades académicas. En conjunto, estas señales pueden debilitar la diversidad del sistema nacional de ciencia, tecnología, conocimiento e innovación, afectar la formación avanzada y reducir las posibilidades de sostener capacidades científicas en todas las áreas y territorios. Una política científica consistente requiere estabilidad, previsibilidad y una visión de largo plazo, no decisiones fragmentadas que expongan a disciplinas, instituciones y nuevas generaciones a cambios abruptos en sus condiciones de desarrollo.

Por estas razones, llamamos a ANID y al Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación a revisar las bases y a restablecer condiciones de competencia abierta y equilibrada para las ciencias sociales, las artes y las humanidades. Las prioridades estratégicas del país pueden y deben promoverse, pero mediante financiamiento adicional e instrumentos diseñados para ese propósito, sin reducir las oportunidades de otros campos del conocimiento ni desconocer la diversidad de sus métodos, productos, impactos y trayectorias.

Asimismo, consideramos indispensable que los futuros rediseños o modificaciones de instrumentos y políticas públicas orientados al desarrollo de la ciencia, la tecnología, el conocimiento y la innovación contemplen espacios institucionalizados de participación y diálogo con la comunidad científica y con las instituciones involucradas, especialmente las universidades. La deliberación temprana, plural y territorialmente representativa permitiría anticipar impactos, recoger evidencia y construir bases más legítimas y consensuadas, con mayor validación por parte de la comunidad científica del país.

Definir prioridades nacionales y proteger la investigación libre no son objetivos incompatibles. Chile necesita capacidades científicas y tecnológicas, pero también ciencias sociales que comprendan sus desigualdades y territorios, humanidades que interroguen su historia y sus dilemas, y artes que renueven su imaginación y patrimonio cultural. Resguardar esa diversidad es fortalecer la capacidad del país para enfrentar sus desafíos con rigor, creatividad, democracia y responsabilidad social.

Centro de Estudios del Desarrollo Regional y Políticas Públicas (CEDER)
Programa de Doctorado en Ciencias Sociales en Estudios Territoriales
Estudiantes del Programa de Doctorado
Universidad de Los Lagos