Ulagos Template

OPINIÓN | Más allá de la emergencia: Comunidades que también salvan vidas y territorios

En el último año, las inundaciones vuelven a afectar distintos territorios de nuestro país, y en los veranos los megaincendios nos recuerdan la creciente vulnerabilidad de Chile frente a eventos extremos. Aunque usualmente se suele atribuir estas problemáticas al clima o a la naturaleza, cada vez existe mayor evidencia respecto a que sus impactos también reflejan decisiones humanas, como es la forma de ocupar los espacios locales, la forma de relacionarnos y gestionar los ecosistemas, así como la planificación territorial que sigue siendo un tema pendiente.

En medio de las emergencias estivales e invernales, la atención suele centrarse en las respuestas institucionales y los aportes de la academia, pero existe un conjunto de actores que muchas veces suele permanecer invisibilizado, pese a desempeñar en estos episodios un papel decisivo. Las comunidades locales.

En muchos territorios, antes que lleguen los equipos de emergencia, son los propios vecinos y vecinas quienes monitorean las quebradas y humedales, quienes identifican personas afectadas, organizan redes de comunicación, y en muchas ocasiones conocen las rutas más seguras para evacuar. La solidaridad anónima vuelve a emerger, y se traduce en apoyo mutuo, en la distribución de alimentos, o bien en la coordinación espontánea para enfrentar la crisis, entre otros. Posteriormente, la recuperación del territorio también se sostiene en buena parte en el trabajo comunitario y voluntario, no solamente para el cuidado de ecosistemas y restaurar viviendas, en muchas ocasiones implica la reconstrucción de los vínculos sociales de un lugar.

Estas acciones colectivas no surgen necesaria desde la improvisación, ya que suelen ser resultado de años de convivencia con el territorio, del conocimiento acumulado que los habitantes locales tienen de los ríos, bosques, humedales y paisajes locales, y de manera especial de los propios tejidos sociales construidos en el tiempo. Este sostén social constituye un bien común fundamental para reducir los riesgos y fortalecer la resiliencia desde el Chile local.

De manera complementaria al rol fundamental del Estado en estos escenarios, cobra relevancia reconocer que para una gestión del riesgo más efectiva y localmente pertinente se requiere incorporar los conocimientos y experiencias de quienes habitan los lugares de emergencia. La prevención requiere tanto la capacidad institucional como un mayor avance hacia una gobernanza que fortalezca la participación comunitaria en la planificación, recuperación y prevención frente a desastres.

Teniendo en cuenta que Chile es un país altamente vulnerable a los efectos del cambio climático y otros eventos extremos cada vez más frecuentes, sigue siendo indispensable destinar mayores esfuerzos estatales para invertir en la infraestructura material que permita prevenir nuevos episodios de desastres. Pero asimismo es relevante fortalecer los tejidos sociales comunitarios que cuidan y salvan en estos casos. Reconocer su experiencia, integrar sus saberes y construir políticas públicas junto a ellas permitirá mejorar la capacidad de respuesta ante incendios e inundaciones, y con ello a construir colaborativamente territorios más seguros y preparados, para enfrentar los desafíos de un país constantemente expuestos a escenarios de crisis socionaturales.

OPINIÓN | Más allá de la emergencia: Comunidades que también salvan vidas y territorios

En el último año, las inundaciones vuelven a afectar distintos territorios de nuestro país, y en los veranos los megaincendios nos recuerdan la creciente vulnerabilidad de Chile frente a eventos extremos. Aunque usualmente se suele atribuir estas problemáticas al clima o a la naturaleza, cada vez existe mayor evidencia respecto a que sus impactos también reflejan decisiones humanas, como es la forma de ocupar los espacios locales, la forma de relacionarnos y gestionar los ecosistemas, así como la planificación territorial que sigue siendo un tema pendiente.

En medio de las emergencias estivales e invernales, la atención suele centrarse en las respuestas institucionales y los aportes de la academia, pero existe un conjunto de actores que muchas veces suele permanecer invisibilizado, pese a desempeñar en estos episodios un papel decisivo. Las comunidades locales.

En muchos territorios, antes que lleguen los equipos de emergencia, son los propios vecinos y vecinas quienes monitorean las quebradas y humedales, quienes identifican personas afectadas, organizan redes de comunicación, y en muchas ocasiones conocen las rutas más seguras para evacuar. La solidaridad anónima vuelve a emerger, y se traduce en apoyo mutuo, en la distribución de alimentos, o bien en la coordinación espontánea para enfrentar la crisis, entre otros. Posteriormente, la recuperación del territorio también se sostiene en buena parte en el trabajo comunitario y voluntario, no solamente para el cuidado de ecosistemas y restaurar viviendas, en muchas ocasiones implica la reconstrucción de los vínculos sociales de un lugar.

Estas acciones colectivas no surgen necesaria desde la improvisación, ya que suelen ser resultado de años de convivencia con el territorio, del conocimiento acumulado que los habitantes locales tienen de los ríos, bosques, humedales y paisajes locales, y de manera especial de los propios tejidos sociales construidos en el tiempo. Este sostén social constituye un bien común fundamental para reducir los riesgos y fortalecer la resiliencia desde el Chile local.

De manera complementaria al rol fundamental del Estado en estos escenarios, cobra relevancia reconocer que para una gestión del riesgo más efectiva y localmente pertinente se requiere incorporar los conocimientos y experiencias de quienes habitan los lugares de emergencia. La prevención requiere tanto la capacidad institucional como un mayor avance hacia una gobernanza que fortalezca la participación comunitaria en la planificación, recuperación y prevención frente a desastres.

Teniendo en cuenta que Chile es un país altamente vulnerable a los efectos del cambio climático y otros eventos extremos cada vez más frecuentes, sigue siendo indispensable destinar mayores esfuerzos estatales para invertir en la infraestructura material que permita prevenir nuevos episodios de desastres. Pero asimismo es relevante fortalecer los tejidos sociales comunitarios que cuidan y salvan en estos casos. Reconocer su experiencia, integrar sus saberes y construir políticas públicas junto a ellas permitirá mejorar la capacidad de respuesta ante incendios e inundaciones, y con ello a construir colaborativamente territorios más seguros y preparados, para enfrentar los desafíos de un país constantemente expuestos a escenarios de crisis socionaturales.