Democracia en deuda | Claudio Merino Jara Investigador del Ceder ULagos
Claudio Merino Jara. Investigador del Ceder de la Ulagos
¿Cómo mantenemos viva una democracia en un escenario de sospecha mutua?
Es una pregunta que vale el intento profundizar, debido a los costos históricos y sociales que estamos asumiendo al momento de involucrarnos con una actitud pasiva o militante, frente a la negación, la teatralidad de la imposición de quien grita más fuerte o siendo espectadores de discursos pasivo-agresivos que degradan la convivencia social.
Sumado a esto vivimos en un periodo histórico que es difícil distinguir la realidad de la ficción, donde la capacidad crítica para poder filtrar lo real, se constituye en una inequidad.
Para reducir las deudas con la democracia, tenemos que avanzar en temas pendientes que nuestra institucionalidad no ha logrado desarrollar, por ejemplo:
La participación vinculante. Las personas tenemos derecho a incidir en las decisiones que afectan los territorios que habitamos. Esta participación se traduce en una cultura cívica, informada y con pensamiento crítico. Implica la responsabilidad de que nuestras acciones tiene implicancias en la vida humana y no humana.
El tiempo. Las instituciones funcionan en una temporalidad distinta a las personas. El funcionamiento de las instituciones en un contexto democrático debe ser oportuna. Esto significa que se debe sustentar sobre prácticas en el que los relatos contribuyan a fortalecer el acceso a la participación, información y la acción.
Comunicación. Usos retóricos o metáforas sólo contribuyen a la democracia en la medida que fortalecen y amplifican la participación. Sin embargo, la comunicación debe ser sincera. Las palabras tienen un peso y se deben respetar. Se debilita la democracia cuando nuestras autoridades, dirigentes sociales y las personas en general le quitan valor a lo que comunican. Señalando que la información está fuera de contexto, negando o mintiendo.
A nivel microsocial es importante nuestra responsabilidad con nuestras comunidades y con las personas que estamos formando.
Las conversaciones cotidianas con nuestros hijos-hijas tienen impactos en la democracia. Es nuestra responsabilidad la forma como analizamos la información, qué fuentes utilizamos y nuestra coherencia en los discursos y prácticas. También nuestra relación con las personas, nuestro entorno y la vida no humana. Finalmente estamos en deuda con la democracia cuando amplificamos noticias falsas, tratamos de empatar frente a actos de corrupción, cuando degradamos la vida, no respetamos la dignidad humana y transgredimos nuestros ecosistemas.
Democracia en deuda | Claudio Merino Jara Investigador del Ceder ULagos
Claudio Merino Jara. Investigador del Ceder de la Ulagos
¿Cómo mantenemos viva una democracia en un escenario de sospecha mutua?
Es una pregunta que vale el intento profundizar, debido a los costos históricos y sociales que estamos asumiendo al momento de involucrarnos con una actitud pasiva o militante, frente a la negación, la teatralidad de la imposición de quien grita más fuerte o siendo espectadores de discursos pasivo-agresivos que degradan la convivencia social.
Sumado a esto vivimos en un periodo histórico que es difícil distinguir la realidad de la ficción, donde la capacidad crítica para poder filtrar lo real, se constituye en una inequidad.
Para reducir las deudas con la democracia, tenemos que avanzar en temas pendientes que nuestra institucionalidad no ha logrado desarrollar, por ejemplo:
La participación vinculante. Las personas tenemos derecho a incidir en las decisiones que afectan los territorios que habitamos. Esta participación se traduce en una cultura cívica, informada y con pensamiento crítico. Implica la responsabilidad de que nuestras acciones tiene implicancias en la vida humana y no humana.
El tiempo. Las instituciones funcionan en una temporalidad distinta a las personas. El funcionamiento de las instituciones en un contexto democrático debe ser oportuna. Esto significa que se debe sustentar sobre prácticas en el que los relatos contribuyan a fortalecer el acceso a la participación, información y la acción.
Comunicación. Usos retóricos o metáforas sólo contribuyen a la democracia en la medida que fortalecen y amplifican la participación. Sin embargo, la comunicación debe ser sincera. Las palabras tienen un peso y se deben respetar. Se debilita la democracia cuando nuestras autoridades, dirigentes sociales y las personas en general le quitan valor a lo que comunican. Señalando que la información está fuera de contexto, negando o mintiendo.
A nivel microsocial es importante nuestra responsabilidad con nuestras comunidades y con las personas que estamos formando.
Las conversaciones cotidianas con nuestros hijos-hijas tienen impactos en la democracia. Es nuestra responsabilidad la forma como analizamos la información, qué fuentes utilizamos y nuestra coherencia en los discursos y prácticas. También nuestra relación con las personas, nuestro entorno y la vida no humana. Finalmente estamos en deuda con la democracia cuando amplificamos noticias falsas, tratamos de empatar frente a actos de corrupción, cuando degradamos la vida, no respetamos la dignidad humana y transgredimos nuestros ecosistemas.
