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Investigadora del CEDER ULagos aporta mirada crítica sobre el IMC en libro internacional de CLACSO–CALAS

  • El capítulo de la académica Dra. Jael Goldsmith Weil cuestiona el uso acrítico del Índice de Masa Corporal (IMC) y propone enfoques metodológicos más reflexivos para los estudios sobre alimentación, salud y desigualdad en América Latina.

 

En el marco de la reciente publicación del libro “Alimentación, identidades y desigualdad en América Latina. Experiencias multivocales para el estudio de la cocina y la comida” (CLACSO–CALAS, agosto 2026), la investigadora del Centro de Estudios del Desarrollo Regional y Políticas Públicas (CEDER) de la Universidad de Los Lagos, Dra. Jael Goldsmith Weil, presenta un capítulo que invita a repensar críticamente uno de los indicadores más utilizados en salud y ciencias sociales: el Índice de Masa Corporal (IMC).

La obra, que reúne a once investigadores e investigadoras de distintas regiones del continente, aborda la alimentación como un campo de disputa política, social y cultural. En este contexto, el aporte de la Dra. Goldsmith destaca por cuestionar los supuestos que han sustentado el uso extendido del IMC tanto en investigación como en políticas públicas.

Una mirada crítica desde la “cuerpa”

El capítulo titulado “El índice de masa corporal y la historia desde una cuerpa: Consideraciones para el uso del IMC en el trabajo académico” propone una reflexión situada, que incorpora una perspectiva feminista crítica. En este sentido, la autora explica el uso del concepto de “cuerpa” como una decisión política y metodológica:

“Aquí la cuerpa se utiliza para anticipar análisis desde una óptica feminista y crítica; busca dar cuenta de la diversidad de formas corporales, cada una atravesada por múltiples factores. A la vez, representa mis experiencias investigativas en las ciencias sociales, desde, por y a través de una cuerpa”.

Desde este enfoque, el texto advierte que la asociación directa entre determinados rangos de IMC y una supuesta “buena salud” invisibiliza factores estructurales y refuerza juicios morales sobre los cuerpos.

Un indicador con sesgos históricos y estructurales

La investigadora reconstruye el origen del IMC, señalando que fue desarrollado inicialmente como una herramienta estadística vinculada a seguros de vida, y posteriormente adoptado como estándar global por organismos internacionales. Sin embargo, advierte que este indicador presenta importantes sesgos:

“Los parámetros estándares de IMC para cada categoría nutricional fueron basados en cuerpas eurocéntricas (…), y por ende son construidos con un sesgo racial donde las características del cuerpo europeo son consideradas la norma”.

El capítulo también analiza cómo la difusión mediática de la denominada “epidemia de obesidad” ha contribuido a la estigmatización de ciertos cuerpos, generando un “pánico moral” que influye tanto en la opinión pública como en el diseño de políticas.

Políticas públicas y responsabilidad individual

Uno de los puntos centrales del texto es la crítica a la forma en que las políticas públicas abordan el aumento del peso corporal en la población. A pesar de la evidencia sobre determinantes estructurales -como ingresos, educación o entorno alimentario-, persiste una tendencia a responsabilizar a las personas a nivel individual:

“A pesar de esta abundante evidencia científica (…) en los diseños de políticas públicas se observa una reducción del fenómeno de aumento de peso poblacional a una cuestión de voluntades individuales…”.

Esta lógica, advierte la autora, no solo simplifica el problema, sino que también puede reproducir desigualdades y estigmatización.

Infancia, género y estigmatización

El análisis también aborda los efectos del uso del IMC en la población infantil, donde la estigmatización puede impactar significativamente en la salud mental y calidad de vida de niñas, niños y adolescentes. Asimismo, la Dra. Goldsmith identifica un sesgo de género persistente en las explicaciones sobre malnutrición:

“Las explicaciones sobre obesidad infantil (…) tienden a centrarse en la madre, “mother blame” es la terminología ocupada en la producción académica sobre maternalismo”.

De este modo, el capítulo cuestiona la tendencia a responsabilizar a las madres por la alimentación infantil, invisibilizando las condiciones estructurales en que se desarrollan estas prácticas.

Hacia una investigación más reflexiva

A partir de su trayectoria en estudios alimentarios y ciencia política, la académica del CEDER ULagos enfatiza las limitaciones del IMC como indicador único:

“…el IMC como indicador único tiene poco alcance descriptivo y/o predictivo a nivel individual. No distingue entre masa muscular y grasa, no diferencia por estructura de cuerpa, y sus parámetros son racialmente sesgados. No es un buen indicador de estado nutricional, físico o bienestar”.

En esta línea, propone avanzar hacia enfoques metodológicos más complejos, que integren dimensiones cualitativas y consideren las desigualdades sociales en el análisis de los fenómenos alimentarios.

El capítulo concluye con un llamado a la responsabilidad académica en la producción de conocimiento:

“…las decisiones metodológicas no son políticamente neutrales y extiendo una invitación a transparentar las limitaciones de los indicadores…”.

Aporte desde ULagos a debates internacionales

La participación de la Dra. Jael Goldsmith Weil en esta publicación internacional refuerza el posicionamiento de la Universidad de Los Lagos en los debates contemporáneos sobre alimentación, desigualdad y políticas públicas en América Latina. Su trabajo se inscribe en el proyecto de investigación Fondecyt N°1240344, financiado por ANID, y en una trayectoria consolidada en estudios sociales de la alimentación.

El libro de acceso abierto puede descargarse en el siguiente enlace:
https://libreria.clacso.org/publicacion.php?p=4735&c=39

*Imagen principal generada con IA.

Investigadora del CEDER ULagos aporta mirada crítica sobre el IMC en libro internacional de CLACSO–CALAS

  • El capítulo de la académica Dra. Jael Goldsmith Weil cuestiona el uso acrítico del Índice de Masa Corporal (IMC) y propone enfoques metodológicos más reflexivos para los estudios sobre alimentación, salud y desigualdad en América Latina.

 

En el marco de la reciente publicación del libro “Alimentación, identidades y desigualdad en América Latina. Experiencias multivocales para el estudio de la cocina y la comida” (CLACSO–CALAS, agosto 2026), la investigadora del Centro de Estudios del Desarrollo Regional y Políticas Públicas (CEDER) de la Universidad de Los Lagos, Dra. Jael Goldsmith Weil, presenta un capítulo que invita a repensar críticamente uno de los indicadores más utilizados en salud y ciencias sociales: el Índice de Masa Corporal (IMC).

La obra, que reúne a once investigadores e investigadoras de distintas regiones del continente, aborda la alimentación como un campo de disputa política, social y cultural. En este contexto, el aporte de la Dra. Goldsmith destaca por cuestionar los supuestos que han sustentado el uso extendido del IMC tanto en investigación como en políticas públicas.

Una mirada crítica desde la “cuerpa”

El capítulo titulado “El índice de masa corporal y la historia desde una cuerpa: Consideraciones para el uso del IMC en el trabajo académico” propone una reflexión situada, que incorpora una perspectiva feminista crítica. En este sentido, la autora explica el uso del concepto de “cuerpa” como una decisión política y metodológica:

“Aquí la cuerpa se utiliza para anticipar análisis desde una óptica feminista y crítica; busca dar cuenta de la diversidad de formas corporales, cada una atravesada por múltiples factores. A la vez, representa mis experiencias investigativas en las ciencias sociales, desde, por y a través de una cuerpa”.

Desde este enfoque, el texto advierte que la asociación directa entre determinados rangos de IMC y una supuesta “buena salud” invisibiliza factores estructurales y refuerza juicios morales sobre los cuerpos.

Un indicador con sesgos históricos y estructurales

La investigadora reconstruye el origen del IMC, señalando que fue desarrollado inicialmente como una herramienta estadística vinculada a seguros de vida, y posteriormente adoptado como estándar global por organismos internacionales. Sin embargo, advierte que este indicador presenta importantes sesgos:

“Los parámetros estándares de IMC para cada categoría nutricional fueron basados en cuerpas eurocéntricas (…), y por ende son construidos con un sesgo racial donde las características del cuerpo europeo son consideradas la norma”.

El capítulo también analiza cómo la difusión mediática de la denominada “epidemia de obesidad” ha contribuido a la estigmatización de ciertos cuerpos, generando un “pánico moral” que influye tanto en la opinión pública como en el diseño de políticas.

Políticas públicas y responsabilidad individual

Uno de los puntos centrales del texto es la crítica a la forma en que las políticas públicas abordan el aumento del peso corporal en la población. A pesar de la evidencia sobre determinantes estructurales -como ingresos, educación o entorno alimentario-, persiste una tendencia a responsabilizar a las personas a nivel individual:

“A pesar de esta abundante evidencia científica (…) en los diseños de políticas públicas se observa una reducción del fenómeno de aumento de peso poblacional a una cuestión de voluntades individuales…”.

Esta lógica, advierte la autora, no solo simplifica el problema, sino que también puede reproducir desigualdades y estigmatización.

Infancia, género y estigmatización

El análisis también aborda los efectos del uso del IMC en la población infantil, donde la estigmatización puede impactar significativamente en la salud mental y calidad de vida de niñas, niños y adolescentes. Asimismo, la Dra. Goldsmith identifica un sesgo de género persistente en las explicaciones sobre malnutrición:

“Las explicaciones sobre obesidad infantil (…) tienden a centrarse en la madre, “mother blame” es la terminología ocupada en la producción académica sobre maternalismo”.

De este modo, el capítulo cuestiona la tendencia a responsabilizar a las madres por la alimentación infantil, invisibilizando las condiciones estructurales en que se desarrollan estas prácticas.

Hacia una investigación más reflexiva

A partir de su trayectoria en estudios alimentarios y ciencia política, la académica del CEDER ULagos enfatiza las limitaciones del IMC como indicador único:

“…el IMC como indicador único tiene poco alcance descriptivo y/o predictivo a nivel individual. No distingue entre masa muscular y grasa, no diferencia por estructura de cuerpa, y sus parámetros son racialmente sesgados. No es un buen indicador de estado nutricional, físico o bienestar”.

En esta línea, propone avanzar hacia enfoques metodológicos más complejos, que integren dimensiones cualitativas y consideren las desigualdades sociales en el análisis de los fenómenos alimentarios.

El capítulo concluye con un llamado a la responsabilidad académica en la producción de conocimiento:

“…las decisiones metodológicas no son políticamente neutrales y extiendo una invitación a transparentar las limitaciones de los indicadores…”.

Aporte desde ULagos a debates internacionales

La participación de la Dra. Jael Goldsmith Weil en esta publicación internacional refuerza el posicionamiento de la Universidad de Los Lagos en los debates contemporáneos sobre alimentación, desigualdad y políticas públicas en América Latina. Su trabajo se inscribe en el proyecto de investigación Fondecyt N°1240344, financiado por ANID, y en una trayectoria consolidada en estudios sociales de la alimentación.

El libro de acceso abierto puede descargarse en el siguiente enlace:
https://libreria.clacso.org/publicacion.php?p=4735&c=39

*Imagen principal generada con IA.