Opinión | Las ferias libres: una historia de mujeres
Jael Goldsmith Weil PhD
CEDER, ULagos
En 2026 se promulgó la Ley N.º 21.815, que reconoce y fortalece a las ferias libres como un pilar de la alimentación y el desarrollo local. La nueva normativa les otorga, por primera vez, un marco jurídico, reconoce su aporte a la seguridad alimentaria, promueve su fortalecimiento y entrega reglas claras para su funcionamiento y organización. Este reconocimiento invita a recordar los orígenes de una institución que ha marcado la vida cotidiana de Chile.
Las primeras ferias libres urbanas surgieron en un contexto de profunda crisis económica tras la Gran Depresión de 1930. Mientras el costo de los alimentos aumentaba más rápido que los salarios, el país comenzó a reorganizar su economía para fortalecer el abastecimiento del mercado interno. En ese escenario, organizaciones de mujeres denunciaron el alza abusiva de los precios de los alimentos. Fue en 1939 cuando Graciela Contreras de Schnake, al frente de la Municipalidad de Santiago, impulsó la creación de las primeras ferias libres del país. Su objetivo era sencillo y a la vez, revolucionario: eliminar intermediarios para que pequeños agricultores pudieran vender directamente frutas y verduras a las familias de la capital. Su liderazgo resulta aún más notable si se considera que, aunque las mujeres ya podían participar en las elecciones municipales, todavía estaban excluidas del sufragio parlamentario y presidencial, derecho que solo obtendrían una década más tarde.
El modelo despertó tal interés que incluso fue reseñado por The New York Times, que presentó las ferias libres como una innovadora forma de acercar productores y consumidores.» Pese a la fuerte expansión de los supermercados desde la década de 1980, las ferias libres continuan siendo un canal principal de abastecimiento. Según Odepa, 70% de las frutas y verduras consumidas a nivel nacionalson comercializadas en ferias, ofreciendo alimentos saludables a precios significativamente más bajos. En un contexto de alta concentración del comercio alimentario y de creciente inflación, las ferias son parte de la infraestructura cotidiana que sostiene la alimentación de millones de personas.
La nueva ley reconoce una realidad que las familias chilenas conocen desde hace décadas. Recordar el origen de las ferias libres en el momento de su reconocimiento legal es también celebrar una institución nacida para democratizar el acceso a los alimentos y que, casi noventa años después, sigue siendo uno de los pilares del tejido social y alimentario de nuestras ciudades. Corresponde también recordar y honrar a las mujeres que las imaginaron, construyeron, defendieron y las hacen perdurar.
Opinión | Las ferias libres: una historia de mujeres
Jael Goldsmith Weil PhD
CEDER, ULagos
En 2026 se promulgó la Ley N.º 21.815, que reconoce y fortalece a las ferias libres como un pilar de la alimentación y el desarrollo local. La nueva normativa les otorga, por primera vez, un marco jurídico, reconoce su aporte a la seguridad alimentaria, promueve su fortalecimiento y entrega reglas claras para su funcionamiento y organización. Este reconocimiento invita a recordar los orígenes de una institución que ha marcado la vida cotidiana de Chile.
Las primeras ferias libres urbanas surgieron en un contexto de profunda crisis económica tras la Gran Depresión de 1930. Mientras el costo de los alimentos aumentaba más rápido que los salarios, el país comenzó a reorganizar su economía para fortalecer el abastecimiento del mercado interno. En ese escenario, organizaciones de mujeres denunciaron el alza abusiva de los precios de los alimentos. Fue en 1939 cuando Graciela Contreras de Schnake, al frente de la Municipalidad de Santiago, impulsó la creación de las primeras ferias libres del país. Su objetivo era sencillo y a la vez, revolucionario: eliminar intermediarios para que pequeños agricultores pudieran vender directamente frutas y verduras a las familias de la capital. Su liderazgo resulta aún más notable si se considera que, aunque las mujeres ya podían participar en las elecciones municipales, todavía estaban excluidas del sufragio parlamentario y presidencial, derecho que solo obtendrían una década más tarde.
El modelo despertó tal interés que incluso fue reseñado por The New York Times, que presentó las ferias libres como una innovadora forma de acercar productores y consumidores.» Pese a la fuerte expansión de los supermercados desde la década de 1980, las ferias libres continuan siendo un canal principal de abastecimiento. Según Odepa, 70% de las frutas y verduras consumidas a nivel nacionalson comercializadas en ferias, ofreciendo alimentos saludables a precios significativamente más bajos. En un contexto de alta concentración del comercio alimentario y de creciente inflación, las ferias son parte de la infraestructura cotidiana que sostiene la alimentación de millones de personas.
La nueva ley reconoce una realidad que las familias chilenas conocen desde hace décadas. Recordar el origen de las ferias libres en el momento de su reconocimiento legal es también celebrar una institución nacida para democratizar el acceso a los alimentos y que, casi noventa años después, sigue siendo uno de los pilares del tejido social y alimentario de nuestras ciudades. Corresponde también recordar y honrar a las mujeres que las imaginaron, construyeron, defendieron y las hacen perdurar.