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Opinión | Los Lagos necesita inversión regional

Columna de opinión
Guillermo Díaz
Director del Centro de Estudios del Desarrollo Regional y Políticas Públicas (CEDER)
Universidad de Los Lagos

La propuesta de reducir los recursos de los gobiernos regionales en el Presupuesto 2027 abre una discusión que va más allá de la contabilidad fiscal. En la Región de Los Lagos, el ajuste anunciado inicialmente en torno al 6% contrasta con estimaciones difundidas que advierten una caída real superior al 13%. Estas cifras anticipan una preocupación: disponer de menos recursos para responder a necesidades territoriales persistentes.

Nuestra región reúne realidades diversas. Las provincias de Osorno, Llanquihue, Chiloé y Palena presentan diferencias de conectividad, acceso a servicios y oportunidades económicas. Una obra en un sector rural, una isla o una localidad cordillerana puede representar un cambio crucial para sus habitantes. Por eso, reducir la inversión regional puede traducirse en caminos postergados, equipamiento sanitario pendiente e infraestructura comunitaria que deberá seguir esperando.

El impacto también alcanza a la economía local. Las inversiones públicas movilizan empresas, proveedores y trabajadores, especialmente en comunas con mercados pequeños y escasas alternativas laborales. Cuando se posterga un proyecto, se demora una mejora para la comunidad y también se debilita la actividad económica. En Los Lagos, esa relación entre inversión, empleo y bienestar debe formar parte del debate presupuestario.

Sin duda, cuidar las finanzas públicas es indispensable. Exigir transparencia y resultados también. Sin embargo, evaluar la gestión únicamente por la velocidad del gasto puede desconocer las dificultades de ejecutar proyectos en territorios dispersos. Los permisos, las licitaciones, las exigencias técnicas y la coordinación entre servicios inciden en los plazos. Antes de recortar recursos por una baja ejecución, corresponde identificar dónde se producen los retrasos y resolverlos.

Los incentivos al desempeño pueden ayudar, siempre que sus criterios consideren estas diferencias. Una región con ruralidad, insularidad y aislamiento necesita recursos previsibles para planificar inversiones y sostener compromisos. Depender de asignaciones adicionales durante el año introduce incertidumbre en decisiones que requieren continuidad.

La discusión debe precisar cuánto perdería la Región de Los Lagos, cuál es la base de comparación y qué proyectos podrían verse afectados. La ciudadanía merece información comprensible, sin porcentajes que mezclen presupuestos iniciales, recursos vigentes e inflación.

Descentralizar exige fortalecer la capacidad de decidir y actuar desde los territorios. Para nuestra región, proteger la inversión regional es una condición para cerrar brechas.

Opinión | Los Lagos necesita inversión regional

Columna de opinión
Guillermo Díaz
Director del Centro de Estudios del Desarrollo Regional y Políticas Públicas (CEDER)
Universidad de Los Lagos

La propuesta de reducir los recursos de los gobiernos regionales en el Presupuesto 2027 abre una discusión que va más allá de la contabilidad fiscal. En la Región de Los Lagos, el ajuste anunciado inicialmente en torno al 6% contrasta con estimaciones difundidas que advierten una caída real superior al 13%. Estas cifras anticipan una preocupación: disponer de menos recursos para responder a necesidades territoriales persistentes.

Nuestra región reúne realidades diversas. Las provincias de Osorno, Llanquihue, Chiloé y Palena presentan diferencias de conectividad, acceso a servicios y oportunidades económicas. Una obra en un sector rural, una isla o una localidad cordillerana puede representar un cambio crucial para sus habitantes. Por eso, reducir la inversión regional puede traducirse en caminos postergados, equipamiento sanitario pendiente e infraestructura comunitaria que deberá seguir esperando.

El impacto también alcanza a la economía local. Las inversiones públicas movilizan empresas, proveedores y trabajadores, especialmente en comunas con mercados pequeños y escasas alternativas laborales. Cuando se posterga un proyecto, se demora una mejora para la comunidad y también se debilita la actividad económica. En Los Lagos, esa relación entre inversión, empleo y bienestar debe formar parte del debate presupuestario.

Sin duda, cuidar las finanzas públicas es indispensable. Exigir transparencia y resultados también. Sin embargo, evaluar la gestión únicamente por la velocidad del gasto puede desconocer las dificultades de ejecutar proyectos en territorios dispersos. Los permisos, las licitaciones, las exigencias técnicas y la coordinación entre servicios inciden en los plazos. Antes de recortar recursos por una baja ejecución, corresponde identificar dónde se producen los retrasos y resolverlos.

Los incentivos al desempeño pueden ayudar, siempre que sus criterios consideren estas diferencias. Una región con ruralidad, insularidad y aislamiento necesita recursos previsibles para planificar inversiones y sostener compromisos. Depender de asignaciones adicionales durante el año introduce incertidumbre en decisiones que requieren continuidad.

La discusión debe precisar cuánto perdería la Región de Los Lagos, cuál es la base de comparación y qué proyectos podrían verse afectados. La ciudadanía merece información comprensible, sin porcentajes que mezclen presupuestos iniciales, recursos vigentes e inflación.

Descentralizar exige fortalecer la capacidad de decidir y actuar desde los territorios. Para nuestra región, proteger la inversión regional es una condición para cerrar brechas.