Crecimiento, el fetichismo de la política chilena
Opinion

En el reciente debate entre el presidente Gabriel Boric y la candidata a La Moneda Evelyn Matthei, el crecimiento económico volvió a convertirse en el campo de batalla predilecto de la política chilena.Todo comenzó cuando el mandatario celebró las cifras del último Imasec, que mostraron una variación positiva del 2,5%. Mientras el Gobierno intenta defender su gestión en un contexto de alta incertidumbre, sus críticos le reprochan una supuesta incapacidad para estimular la economía. Matthei, sin rodeos, calificó la administración de Boric como la peor en términos económicos desde el retorno a la democracia: «Los chilenos esperamos de usted algo de prudencia y humildad, no celebrar una cifra buena de un solo mes entre muchas malas», señaló.

Como en tantas otras discusiones económicas, el debate gira en torno a la misma ecuación simplista: crecimiento como sinónimo de progreso. En efecto, es común vincular el aumento de la producción de bienes y servicios con variables macroeconómicas clave, como la reducción de la inflación o el incremento del empleo. Es un argumento con respaldo empírico, pero con un problema evidente: la discusión rara vez trasciende el análisis superficial. Se asume que todo crecimiento es positivo sin preguntarse si es adecuado.

El crecimiento no es gratuito. Cada punto adicional en el PIB se traduce en costos ecológicos cada vez más insostenibles, una realidad de la que ningún actor político parece querer hablar. El economista Herman Daly introdujo el concepto de «crecimiento antieconómico» para describir el momento en que los costos ambientales y sociales de expandir la economía superan sus beneficios. Crecer por crecer no siempre es una estrategia sensata si no se considera el impacto en la calidad de vida y los equilibrios ecológicos.

Simon Kuznets, uno de los arquitectos del PIB, ya advertía que este indicador no debía confundirse con el bienestar social. Sin embargo, el fetichismo del crecimiento sigue dominando el debate público, con la idea persistente de que una economía en expansión resolverá automáticamente todos los problemas del país. Este enfoque simplista ignora que sus beneficios suelen concentrarse en ciertos sectores, mientras que sus costos se reparten entre todos.

El verdadero desafio para Chile va más allá de reactivar la economía, sino definir una escala de crecimiento adecuada a nuestras limitaciones. La política económica debe ir más allá de la obsesión por el PIB y considerar indicadores que reflejen mejor el bienestar real de la población. Incorporar mediciones sobre desigualdad, impacto ambiental y calidad de vida permitiría una visión más integral del desarrollo. Al mismo tiempo, dotaría a nuestros honorables políticos de herramientas más holísticas que les ayuden a superar la creencia de que el crecimiento, por sí solo, resolverá todos los problemas del país. La pregunta clave no es solo cuánto crecemos, sino a qué costo y con qué propósito.

Por Mauricio Hernández, investigador del CEDER.

*Publicada el 7 de febrero de 2025 en el Diario Austral de Osorno.

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